lunes, noviembre 05, 2012

Ni una sola vez

Ni una sola vez al subir a un avión dejo de sentir la emoción infantil de los que crecimos entre aviones, nos despertamos con el ronroneo maravilloso de sus motores, jugamos en las pistas perfumadas de queroseno, y nos acostamos soñando con despegues rumbo a la aventura que es en si volar.

Para nosotros todo lo que vuela está rodeado de un halo mágico, casi diría que es algo sagrado. Tiene sentido, esas máquinas, son siempre gráciles, delicadas, están dotadas de una belleza que no se puede encontrar en ninguna otra. Ya sean grandes o pequeñas, desde un Boing a un humilde ultra ligero todos ellos tienen ese algo que les hace especiales, que emociona y lo mejor de todo, además vuelan, mejor, peor, da igual, vuelan.

El vuelo es sueño, es aventura, es lo desconocido, saludos desde el cielo en algún punto entre Bilbao y Madrid.

 

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